Llevaba una semana con el alma torcida,
incrustada en el cuerpo, añorando mandar. Cansado en el fondo del
paso correcto, jodidamente mundano. Deambulaba de
noche, haciendo paradas a tragos oscuros, mientras de día seguía el
ritmo adecuado; cadencia intachable de un ciudadano más. Fue fácil
seguir el nuevo rumbo de noches insólitas y figuras forzadas estallando libremente. Cuando
rebasas la falta de sueño llega el momento de sentarse con calma y
tomar un café.
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lunes, 10 de diciembre de 2012
El guardián
Llevaba una semana con el alma torcida,
incrustada en el cuerpo, añorando mandar. Cansado en el fondo del
paso correcto, jodidamente mundano. Deambulaba de
noche, haciendo paradas a tragos oscuros, mientras de día seguía el
ritmo adecuado; cadencia intachable de un ciudadano más. Fue fácil
seguir el nuevo rumbo de noches insólitas y figuras forzadas estallando libremente. Cuando
rebasas la falta de sueño llega el momento de sentarse con calma y
tomar un café.
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