Como peces en agua estancada, vivimos
en una atmósfera que poco a poco se paraliza, en la que cada vez es
más difícil respirar. Es un cambio lento, apenas perceptible, que
continúa hasta que cualquier acto se vuelve inicio y el
esfuerzo no obtiene recompensa. Entonces escudriñamos el cielo y
soñamos señales de bruma en las olas de un minúsculo
avión. Desesperanzados, apartamos la vista y seguimos bombeando,
cribando pequeñas pepitas de oxígeno entre montones de bocanadas.
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lunes, 22 de octubre de 2012
No recuerdo la última vez que llovió
Como peces en agua estancada, vivimos
en una atmósfera que poco a poco se paraliza, en la que cada vez es
más difícil respirar. Es un cambio lento, apenas perceptible, que
continúa hasta que cualquier acto se vuelve inicio y el
esfuerzo no obtiene recompensa. Entonces escudriñamos el cielo y
soñamos señales de bruma en las olas de un minúsculo
avión. Desesperanzados, apartamos la vista y seguimos bombeando,
cribando pequeñas pepitas de oxígeno entre montones de bocanadas.
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