Ojos perdidos que traspasan objetos,
lugares y personas, generan en el éter formas extravagantes, intrigantes aromas y
maravillosas imposturas.
Fanales ciegos que deambulan por el mundo consumiendo lo
cotidiano en busca de lo magnífico.
Errantes naturales que, en su vagar, suscitan una senda etérea de difuso
retorno. Un lugar insólito en el que poco a poco se desvanece el modo de transformar en real lo abstracto.