lunes, 24 de agosto de 2020

Planes

 

El sol les abandonó hace tiempo, ahora cruzan la madrugada. Henry dormita sobre su montura; dentro de la diligencia todos duermen; arriba Patty, recortada sobre el cielo estrellado, es una con la gruesa manta, mientras en el pescante Sam y Jake suben las solapas de los abrigos y rompen el silencio con bocanadas de vaho.


–¿Nos queda poco, no?


–¿Para llegar?


–Para morir –responde Jake con una sonrisa burlona en el rostro.


–Si después de todo esto muero, pienso dejar vacante en el cielo para ir al inaguantable infierno en el que hayas acabado y hacerte echar de menos cualquier tortura que puedas sufrir.


–Sam. Es un pensamiento muy intenso para conmigo… no demasiado halagüeño, pero intenso, de eso no hay duda. Muchas gracias, amigo.


El conductor no contesta, resopla una risa y da un tiento a las riendas para revivir a los animales.


–Estamos cerca, nos queda apenas una parada y llevamos provisiones. Si queremos evitar los apeaderos, promontorios y las zonas lógicas de parada; en algún momento deberíamos abandonar el camino.


–¿El mejor sitio?


–A ver, dado que estamos ignorando cualquier zona adecuada para parar, esquivando la comodidad y lo esperable… el mejor sitio es, sin duda, algo entre lo incómodo, lo expuesto y lo peligroso; desafortunadamente no tenemos cerca ningún abismo o volcán.


–¿Y para salir del camino?


–Dentro de un par de millas comienza a haber más roca que polvo, es incómodo para la diligencia pero deja menos rastro y podemos aprovechar las rocas para ocultarnos.


–No, estaba pensando en un lugar difícil de acceder y abierto.


–Oh claro, ¿por qué habría de imaginarme otra cosa? Algún sitio que nos cueste horrores llegar y desde donde se nos vea a la perfección, ¿cierto?


–Cierto. Si nos ven, también les veremos –asiente Jake feliz--. Algo como aquello.


El índice señala a una de las estrechas elevaciones de roca escarpada y pendiente excesivamente pronunciada.


–Si es eso lo que buscas, hay algo así más adelante, lo usaban los indios hace mucho. Igual de incómodo, pero que tiene un acceso más fácil, oculto en la parte de sombra.


Jake se asoma a un lado y silba una llamada a Henry. Este despierta toma las riendas del caballo y se acerca.


–Buenos días tenga usted. Debe ser importante si me llamas antes de que salga el sol.


–Apenas vamos a dejar que salga. ¿Alguno de tus coyotes se conoce esta zona?


–No. Sus raíces están más al sur.


–Bien. Sam conoce un lugar para parar un poco más adelante. Sitio elevado, poco conocido, con solo un acceso decente, oculto al gusto de los indios.


–¿Visible?


–Puedes apostar a que sí.


–¿Expuesto?


Asiente Sam en respuesta.


–¿Quiénes?


–¿La reverenda y tú os va bien?


–Muy bien, espero que podamos despiojar un poco el terreno antes de marcharnos.


–Tiempo es lo que más nos interesa.


–Tiempo tendréis.


Holmoak tira ligeramente de las riendas y se aparta un poco de la diligencia para echar un vistazo a los alrededores.


La luz anuncia el sol tras el horizonte. Un nuevo día comienza y con los primeros rayos cuatro pares de ojos se abren dentro de la diligencia; Patty emerge de su manta y los abrigos se abren dejando sitio al aire.


–Sam.


–¿Sí?


–¿Cuánto dirías que cuesta la diligencia?


El conductor ni siquiera se gira, continúa asido a las riendas y chasquea la lengua con la mirada fija en el horizonte, paladeando la pregunta antes de emitir la respuesta.


–No Jake, donde vaya mi diligencia iré yo.


–Eso dificulta las cosas…


Deja Sam un momento las riendas y se gira hacia su acompañante con rostro severo y voz áspera.


–No hay negociación que valga, estoy muy viejo ya para hacer otra cosa. Donde vaya este armatoste iré yo. Y por si lo estás pensando: sí, si cae por un precipicio, iré con él. En este mundo hay muy pocas cosas a las que anclarse; cuando encuentras una, vale la pena continuar.


–A veces hay que ser práctico y hacer aquello que más convenga. No hay muchas posibilidades de salir de esta con la diligencia.


–¿Sabes?, aunque te parezca mentira este cacharro ha sido mi vida. Y como tal pienso seguir a bordo hasta las últimas consecuencias. Si te parece algo ilógico o absurdo, te recuerdo que llevamos ya un tiempo recorriendo ese camino.


Calla Jake ante la evidencia y piensa alguna forma de variar los planes.


–Si lo que quieres es ganar tiempo ¿qué te importa? La diligencia te lo dará.


–No quería pagarlo con vidas.


–Eso está aún por ver. Yo me quedo con Patty y Henry.


–De acuerdo, hagámoslo a tu manera. Necesito que nos digas una ruta a seguir lo más apartada posible.


–Una vez lleguemos a la zona rocosa hay viejas sendas que cruzan la zona. El camino es difícil pero ahorraréis tiempo.


–¿Andando?


–Sería lo suyo.


–De acuerdo, que así sea.


Sam sonríe satisfecho, sacude las riendas y aviva los animales mientras el sol se alza por el lado, invocando el fulgor rojo y vivo de la diligencia.

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